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ASFALTO, EL GRAN AMADO O EL GRAN ODIADO

El asfalto es el gran amado de los corredores, o el gran odiado. Quien lo quiere, lo ama hasta la saciedad, y quien lo odia, no quiere ni verlo. Y luego estamos a los que nos encanta, pero somos conscientes de que abusar de él, tiene sus riesgos, y por eso aprendemos a combinarlo con la montaña, con las pistas, y con otras disciplinas.

Lo ideal es no ser extremista en ninguna de las vertientes, y saberlo combinar para cuando mejor nos convenga.

Los que me conocen saben que lo que más me gusta es correr por asfalto. Eso no quiere decir que la montaña no me guste, y más viviendo en Caldes, que la tenemos a un tiro de piedra. Y los paisajes son fantásticos! Pero como la mayoría de veces salgo que todavía no se ha hecho de día, y muchas veces sola, pues me da miedo ir a la montaña. Luego esta el otro factor miedo, que son los perros. Por muy psicóloga y valiente que sea para algunas cosas, me dan pánico los perros (sí, miedo irracional) y el hecho de poderme encontrar un perro suelto ha hecho que me alíe una vez más al asfalto, donde las posibilidades de que hayan perros sueltos se reduce a cero. Odio la frase de: “no hace nada”, y como entiendo que ellos necesitan también la libertad de correr por la montaña sueltos, pues prefiero ser yo la que la evite algunas veces. Pero el fin de semana, cuando puedo salir con mi pareja, de la montaña no nos saca nadie.

Ahora ya sabéis los dos motivos por los que prefiero correr por asfalto.

Largas son las listas de los que me dicen cosas de las desventajas de correr siempre por asfalto, aunque la mayoría se reducen al gran número de lesiones que puede provocar, pero como muchas de las cosas en esta vida, todo es malo cuando lo llevas al extremo, pero siempre puedes hacer cosas para reducir esas desventajas.

Corro de normal cuatro días por semana. Dos de estos días los dedico a hacer series o fartlecks. Un día a un rodaje de unos 10-12 km y otro día más a hacer el rodaje más largo (normalmente por alguno de los circuitos de montaña cerca de Caldes o por la Torre Marimon, que es un circuito de tierra muy agradecido). El resto de días de la semana lo dedico a compensar todo lo que me “cargo” en los entrenos de asfalto, y voy a piscina y hago sesiones de fuerza. La piscina me sirve para que la musculatura vuelva a su sitio tras el esfuerzo de correr, y las sesiones de fuerza, precisamente, para aguantar bien el asfalto y trabajar el core y la parte más abdominal, los tobillos y los otros músculos de las piernas y poder preparar el cuerpo para el impacto del asfalto.

Así que ya veis, ni el asfalto es tan bueno, ni tan malo. Siempre que se use con cabeza y sin llevarlo al extremo. Como todo en esta vida. Por eso tampoco me gusta que los amantes del trail lo odien tanto… porque también te aporta cosas que la montaña no puede dar (velocidad, ritmos rápidos y poner el corazón a mil en un sprint final de carrera).

Y aunque me declare una amante del asfalto, ya os digo que las rutas que se pueden hacer cerca de casa por montaña son alucinantes, así que no dudéis, que en el momento que el confinamiento me deje salir con Jordi, a unas horas menos tempranas, y poder dejar a Eloi con alguno de los abuelos, os hablaré de los magníficos paisajes de montaña que tengo la suerte de tener en mi vida!

La carretera del Farell, uno de mis entrenos favoritos, para hacer subida (y fuerza) y kilómetros!

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